ALFREDO URDACI

España destaca en producción científica pero se queda atrás en «tec-transfer»

En el año 2017, nuestro país sólo destino un 1,21 % de su PIB a Investigación y Desarrollo y tan sólo el 5,5% de las empresas que apuestan por I+D incluyen a las universidades en este proceso. La desconexión entre  universidad  y empresa lastra nuestro sistema de investigación.

Según The Collider, de la Fundación Mobile World Capital Barcelona, España ocupa el puesto número doce del mundo en producción científica, con más de 96.500 publicaciones científicas publicadas en 2018. Sin embargo, esto no tiene traducción en innovación industrial con reflejo en el mercado. Para afirmar esto, el programa de innovación ha realizado un estudio con datos de 2017, los últimos de los que se dispone, y ha concluido que la mayor debilidad de nuestro país es la transferencia tecnológica.

Según Òscar Sala, director de The Collider, en ‘tech transfer’ España “está aún en sus inicios”. Es decir, España tiene dificultades a la hora de transformar la investigación científica en innovación que llegue al mercado en forma de productos o servicios. La solución está en saber conectar ambos mundos.

Datos del estudio

El estudio publicado por The Collider aporta numerosos datos de la relevancia de nuestro país en innovación en el mundo. El principal es el que ya hemos comentado en este artículo: que España es el duodécimo país del mundo en producción científica. Además, posee uno de los ecosistemas de emprendimiento más fuertes de Europa, en el que Madrid y Barcelona son el quinto y sexto hub por número de startups.

Al contrario, se publican datos que muestran que el camino que nos queda por recorrer es mucho aún. The Collider afirma en su estudio que, en 2017, las universidades españolas crearon tan solo 93 spin-offs (compañías creadas para explotar productos o servicios furto de descubrimientos científicos), la cifra más baja desde 2012.

«España tiene dificultades a la hora de transformar la investigación en productos y servicios.»

La inversión en I+D es uno de los puntos débiles de España, que, en 2017, destinó un 1,21% de su PIB a investigación y desarrollo. Una cifra muy inferior a los 3,33% del PIB invertido por Suecia, el 3% de Alemania o el 4,5% que se estima que invirtió Israel, entre otros.

A pesar de estos malos datos, Òscar Sala es optimista y cree que se están “creando las condiciones” necesarias para llegar a esa conexión que se necesita en universidades y centros de investigación con empresas. Y destaca que nuestro ecosistema emprendedor está “madurando y creciendo”.

Soluciones

El estudio, además de datos, también incluye propuestas para que la transferencia tecnológica aumente hasta niveles óptimos. La principal es avanzar, como ya se ha comentado, a una relación de plena colaboración entre empresas y centros de investigación y universidades. De este modo, se impulsa la actitud emprendedora de estas instituciones y se mejora la visión del mercado.

Además, el estudio interpela a la Administración Pública para que incremente su apoyo y favorezca la innovación empresarial y la investigación a través de políticas estables y mayores incentivos fiscales, entre otras medidas.

The Collinder también recomienda mejorar la capacidad de las empresas de absorción tecnológica y propone sistematizar el sistema de transferencia de tecnología, de manera que favorezca su actividad y la profesionalice, a la vez que se promueve la creación de equipos formados tanto por emprendedores científicos y corporaciones. Grupos que garanticen que se aplicará la investigación al mercado del modo óptimo.

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