ALFREDO URDACI

Imprimir casas en 3D, solo un paso por detrás de la ciencia ficción

Jason Ballard y las 20 personas que componen su compañía, Icon, ‘imprimen’ casas en 3D. Su tecnología es tan prometedora que ya han conseguido 9 millones de dólares de Silicon Valley. La impresión 3D llega  al mercado inmobiliario

Jason comenzó  sin prácticamente ninguna experiencia. ‘No soy ingeniero, explica, así que hice lo que otros muchos emprendedores y me leí todo lo que tenía Amazon sobre impresión en 3D, fui a clase en la  escuela local de impresión 3D y comencé darle vueltas, por la noche y los fines de semana. Hasta que construimos un prototipo de madera 100 pies cuadrados de 10×10. Íbamos allí después de los partidos de futbol de mis hijos, los sábados. Los críos estaban con sus equipaciones de futbol, por allí, ayudándonos a construir la impresora’.

Ballard iba para cura pero a instancias del obispo decidió cambiar de rumbo. Predice que la tecnología puede salvar miles de millones contes de construcciíon en todo  el mundo y su prioridad  son los sintecho. ‘Hay vidas reales que dependen del equilibrio de esta tecnología. Y espero no tener ningun complejo extraño de salvador, pero eso es lo que sentimos, que tenemos que hacer esto porque  hay gente sufriendo y esta tecnología puede reducir el sufrimiento en el mundo’.

Un par de meses después de la construcción de la primera vivienda, la compañía ya tenía pedidas cerca de un millón de unidades, algunas de  la NASA y del ejercito Estadounidense. Pero la tecnología tiene un largo camino aún para estar lista.

Llegados a este punto, el mundo espera que la tecnología 3D funcione y ya está. Recibimos correos de personas enfadadas que nos dicen ‘Hay gente sin hogar por aquí, cuando vais a venir, por qué no me habéis contestado a mi mail’. Todavía, y hablo para los inversores, todavía no lo tenemos todo resuelto. Es una compleja combinación de robots gigantes, que tienen que funcionar al aire libre bajo la lluvia y el viento,  o el sol y el calor. No tenemos un software que lo controle. No hay literatura sobre este tipo de software, así que tenemos que apoyarnos en la ciencia de los materiales. Los materiales que tienen que hacer lo que queremos que hagan, no existen. Así que no tenemos que inventar una sola cosa, tenemos que inventar un buen número de cosas y luego hacerlas funcionar en armonía.

«No soy ingeniero. Me leí todo lo que tenía Amazon sobre impresión 3D.»

Con solo dos casas bajo el brazo, Jason y su equipo ya han iniciado un viaje a Centroamérica donde actualmente están intentando imprimir  50 casas. Será la prueba de fuego para la nueva impresora de 30×30 pies, con muchos agentes ansiosos esperando los resultados.

‘A veces tengo el síndrome del impostor. ¿Soy la persona adecuada para esto? ¿Soy el tipo que resolverá el problema de los sintecho o de la vivienda asequible el que imprimirá una casa de otro mundo? Y la tentación es recortar un poco las ventas, bajar un poco las posibilidades. Y lo que en realidad quiero intentar es vivir con esa posibilidad delante de mi, porque esto es lo que me mantendrá en esto durante los años y años y años que van a pasar hasta que lo consiga. Creo que esta es la tecnología y tendremos que emprender este viaje, y en él estamos.

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